Si la memoria no me falla, no había leído nada de Neil Gaiman hasta ahora. Me habían recomendado en multitud de ocasiones esta historia, pero nunca veía el momento de ponerme con ella. Últimamente me pasa mucho: leo a autores que nunca antes había catado y me encuentro con libros maravillosos, maneras de escribir soberbias y con historias que me atrapan irremediablemente. Me pasó con Gabriel García Márquez y ahora me ha ocurrido también con esta excelente obra de Neil Gaiman.
Catalogan Coraline como una «novela de fantasía oscura» y estoy de acuerdo, aunque haría un matiz: diría que es, más bien, un cuento oscuro de corte optimista. Estamos ante una fábula que muestra un aspecto positivo y es el de fomentar la valentía y el coraje en los niños (y los adultos). Me ha gustado mucho leerlo porque la acción transcurre muy rápido, es muy dinámica, pero al mismo tiempo sin apresurarse innecesariamente, usando con cuidado los tiempos, las pausas y los momentos de tensión y de acción.

La forma en que está escrito este cuento me ha sorprendido gratamente: Gaiman utiliza un lenguaje infantil, dirigiéndose al niño pequeño que reside en cada adulto, apelando a su lado aventurero e inocente, jugando con sus miedos, metafóricos y reales (miedo a la pérdida, a lo desconocido, miedo al miedo en sí mismo). Por tanto, el lenguaje es sencillo, pero no simple. Es tremendamente admirable escribir así, con ese lenguaje casi ingenuo, como si volviera a ser un niño de 7 años que describe lo que ocurre sin mayor pretensión que la de contar una historia. Hace regresar al lector a su infancia, a ese momento en que cree en la magia, las brujas y los dragones. A esa época en la que todo era posible con solo imaginarlo.
Los personajes son pocos, pero suficientes para narrar la historia. Además resultan entrañables y con una marcada personalidad, no solo los personajes secundarios (que son maravillosamente excéntricos), sino especialmente la némesis de la protagonista, que da mucha fuerza a la trama. Por su parte, Coraline es una niña con la que es fácil empatizar, sufrir con ella y sentir sus miedos como tuyos.

La historia sí podríamos catalogarla como «oscura» o incluso «siniestra». Pero, desde mi punto de vista, es magnífico tener cuentos que también narran situaciones perversas, malignas y con ese componente de terror que se asemeja más a la vida que un contexto en el que todo es luz y color. Este tipo de historias ayudan a los niños (y a los adultos) a buscar recursos y soluciones dentro de su imaginación, a utilizar situaciones complicadas y trágicas para reinventarse y seguir luchando por aquello que consideran justo.
Quizá la moraleja de esta historia sea comprender que hay algunas situaciones difíciles que nos acontecen y que logran relativizar nuestros problemas diarios. Ese tipo de circunstancias, en ocasiones inesperadas, nos enseñan a valorar lo que tenemos y a dejar de preocuparnos por cosas que no tienen tanta importancia como les solemos dar.

En cuanto a la edición que yo he leído, es en tapa blanda, con una portada a todo color (muy bonita, por cierto) y con sencillas ilustraciones en blanco y negro que separan los capítulos y hacen que la lectura sea muy fácil y amena. El tamaño de la letra también hace la lectura muy ágil, lo que se complementa con una maquetación de calidad.
Recomiendo este libro para una tarde tranquila y con ganas de vivir aventuras, con cierto componente de terror y un «regustillo» muy interesante a Tim Burton.
PD. La adaptación cinematográfica de Coraline está muy lograda, también la recomiendo.
Nos leemos pronto. ¡Felices lecturas!
T.
Con las manos en las letras © 2023 by Tania Suárez Rodríguez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0









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