La constante del absurdo

Te das cuenta de que tu imaginación te la ha vuelto a jugar (por enésima vez). No tenía otra cosa que hacer y ha creado una historia ficticia –muy bonita, eso sí–, y tú te la has creído. Y de qué manera. Empezó a cocerse a fuego lento allá por los inicios del Año del Conejo de Agua; decían que iba a ser el año del resurgir de las cenizas, de la prosperidad y la paz. Imaginas que no se referían a tu paz mental, claro. Y te viene a la cabeza que siempre te han gustado los conejitos suaves y mullidos, abrazarlos y estrujarlos.

Sacudes ese pensamiento repentino y regresas a tu ficticia realidad. Te has creído tu historia, decías. Esa en la que tu mente ha creado un personaje masculino de lo más interesante que ameniza tus días, te hace reír, te emociona y te hace el amor con sus palabras. Aunque no se dirigen a ti, por supuesto. Menuda idiota.

Sabes que tu imaginación es una criatura con identidad propia e independiente. No puedes hacer otra cosa que convivir con ella o bailar a su son. Normalmente te decantas por la segunda opción, pero siempre acaba tomando el control ella y te acabas cayendo de bruces. Las innumerables cicatrices de tu corazón son prueba de ello. Pero eres una idiota y una soñadora empedernida, así que siempre tienes la esperanza de que tus historias no sean solo producto de una fantasía desmedida.

La tragicomedia de tu vida. Más tragedia que comedia, pero igualmente te ríes. Y lloras. Y las lágrimas de la tragedia se funden con las de la comedia. Y piensas: «esto es absurdo». Pero es que, la mayoría de las veces, la vida también lo es. Al menos la tuya.

Te vuelve a la mente la historia ficticia que decías antes. Concretamente, el protagonista masculino que ha inventado tu imaginación. No piensas en su físico, sino en esa abrumadora mente capaz de dar vida a mundos imposibles, maravillosos, donde las hadas, los duendes y la magia existen. Y esperas cada día sus relatos.

Piensas en tu espíritu rebelde. Ese que se subleva cuando todas sueñan con ser rescatadas por un Chris Hemsworth, porque tú prefieres rescatar a un Eddie Munson y llevártelo a un bosque. Siempre te han gustado más los tíos oscuros, interesantes y con una buena imaginación.

Y ese personaje masculino que te inventaste, un día decidió mirar hacia tu rinconcito y te empezó a regalar parte de su tiempo para leer tus locuras. Así que, desde entonces, te levantas cada mañana preguntándote si tendrás alguna notificación nueva. Se te encoge el estómago, casi como si montaras en cien lanzaderas juntas y te vieras succionada por un agujero negro. Tu respiración se acelera y se acorta, tu piel empieza a notar la humedad de pequeñas gotas de sudor condensado.

Y un día te atreves a decirle cómo te hacen sentir sus palabras. Te da miedo. Hiperventilas. Te tomas siete tilas y cinco pasifloras en una tintura concentrada que te dio tu maestro zen para los nervios nerviosos. Estás más histérica que en los exámenes de acceso a la universidad.

Te sientes estúpida y avergonzada: te has expuesto a miles de miradas, te sientes ridícula y casi puedes oír los ecos de una multitud de carcajadas en la lejanía.

Hablas con tu coach, con tu sensei, con tu shifu y con tu gurú espiritual y todos te dicen lo mismo: «tú escribe todo lo que sientas y así tu mente se libera de ello». Así que, escribes. Y sigues escribiendo. Pero la fantasía ha echado raíces y está muy a gustito contigo. Y tú con ella, reconócelo. Pero no, sabes que eso no puede ser. Que te has montado unas películas preciosas y te las has creído tú sola, pero no son reales.

Así que decides poner fin a esa fantasía, porque se ha vuelto tan real para ti que casi duele. Estás ahora en un equilibrio entre la tragedia y la comedia de tu vida. Quizá tira un poco más el lado de la comedia absurda. Maldita imaginación.

Recuerdas que alguna voz sabia te dijo una vez que la mente no distingue las situaciones reales de las ficticias. Que si escribes en un cuaderno lo que le quieres decir a alguien, tu cerebro cree que se lo has dicho realmente y se queda tan feliz.

Así que ves que al menos hay una alternativa. Entonces tu imaginación toma las riendas (una vez más) y te habla directamente: «tranquila, canija, vamos a coger un cuaderno y a crear una historia donde des rienda suelta a tus fantasías erótico-festivas y nos vamos a explayar de lo lindo». Bendita imaginación.

Decides poner punto y final a tu vergonzosa exposición pública y así olvidar tu fugaz faceta de acosadora cibernética. Te das vergüenza. Pero siempre has hecho miles de locuras, así que intentas no pensar mucho en ello.

Coges un cuaderno y te pones a escribir.

T.


Con las manos en las letras © 2023 by Tania Suárez Rodríguez is licensed under CC BY-NC-ND 4.0 

4 respuestas a «La constante del absurdo»

  1. Avatar de digresionesalmargen

    Caer en la madriguera del conejo a veces esta bien, pero hay que salir. Pero gracias a lo allí vivido, conseguimos entender mejor nuestra realidad 🐰

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  2. Avatar de omduart

    Pero bueno que maravilla es esta! Me ha encantado, tía! Dominar la segunda persona es muy difícil, vamos al menos para mí, se me da mal. Que lujo de relato, de verdad. Me ha flipado el juego entre realidad y ficción entremezclándose! ese es justo mi tema predilecto en literatura. Mi novela va justamente de eso! Me ha dejado un poso muy rico de risas y algo más que no sabría describir. Muy bueno, Tania, voy a ver si te voy leyendo más que me estoy perdiendo unos textos geniales!

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    1. Avatar de Tania Suárez Rodríguez

      ¡Ay Eduard! Que se me había escapado este comentario, perdona.

      Me alegro muchísimo de que te haya gustado mi cuento, ¡gracias por pasarte a comentar! Confieso que me encanta el narrador en segunda, no solo leerlo, sino escribirlo también, aunque es un verdadero reto. Respecto a la mezcla realidad y ficción, también es de mis temas favoritos en literatura: ¿dónde quedaría la ficción sin la realidad y la realidad sin fantasía? Creo que lo hablamos, pero si no, te lo vuelvo a decir: no dejes de contarme de qué va tu novela, por favor 🙂

      Gracias de nuevo por pasarte por aquí y leer mis textos, espero que los disfrutes. Verás que hay un poco de todo, como digo siempre, aquí recojo solo lo que me sale de los dedos, jajaja. Un abrazo enorme, Eduard 😉

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      1. Avatar de omduart

        Un abrazo, Tania 🙂

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